Las sesiones pueden orientarse a diferentes necesidades, como mejorar la salud física, gestionar el estrés, favorecer la regulación emocional, desarrollar la conciencia postural o reforzar la cohesión del grupo.
Cada propuesta integra movimiento consciente, respiración y atención plena desde la base del Chi Kung tradicional, adaptando la práctica a las características de las personas y del entorno.